sábado, 24 de abril de 2010

En mi colegio había libros raros...

No sé si a vosotros os ha pasado alguna vez el haber leído un libro en una ocasión y no haber vuelto a verlo nunca más o hasta mucho tiempo despúes.

A mí me ha pasado dos veces.

La primera con "La doncella y el unicornio" de Santiago R. Santerbás, una obrita de teatro que tomé prestada de la biblioteca de mi pueblo cuando era cría (aunque sé que la tienen en la Biblioteca Nacional, así que a ver si me decido y me hago el carnet de lectura y lo vuelvo a tomar prestado).

La segunda vez que me pasó fue no sé si en 1º o 2º de Bachillerato. El tema es que los alumnos de mi modalidad teníamos una hora libre que pasamos en la biblioteca y, como ya era a finales de curso y yo no tenía nada que hacer, empecé a cotillear los libros que allí tenían. Me fijé en uno bastante fino (212 páginas en concreto), con un título que captó mi atención al instante, "Trampa para ratas", escrito por un tal Carlos Lorenzo del que nunca había escuchado hablar.

Así pues, decidí darle una oportunidad... Y descubrí una serie de relatos cortos que no me dejaron indiferente. De tal forma que cuando terminó la hora que teníamos y vi que me faltaban tres páginas para acabarlo, estuve tentada de no devolverlo a la estantería y regresarlo al día siguiente, pero me contuve.

Y es que ya el libro te engancha desde la primera historia... ¿Cómo es posible que la rata consiga llevarse el queso todos los días sin quedar presa en la trampa que tanto se esmera el padre en montar ante las protestas de la madre? Quizás el niño lo descubra...

De esta forma estuve varios años dando vueltas al último relato (en el que un hombre decide suplantar a otro que está muerto), ese relato que nunca terminé de leer, rastreando ese libro en todas las librerías con que me cruzaba, en una búsqueda infructuosa.

Un día decidí empezar la búsqueda también por Internet y de esa forma me enteré de que es un libro de ideología anarquista... Y las piezas encajaron en mi cabeza, encontré el sentido de esos relatos que me habían llamado tanto la atención sin saber el motivo.

Gracias a esa búsqueda por Internet, por fin, lo encontré en una librería libertaria (como se autodenominan) de Madrid.

Ahora es uno de esos pequeños grandes libros imprescindibles para mí, junto con "Fahrenheit 451" de Ray Bradbury, "Un mundo feliz" de Aldous Huxley o "Juan Salvador Gaviota" de Richard Bach, entre otros muchos, con el añadido de que es mucho más complicado de encontrar. Besos!!!

martes, 20 de abril de 2010

A vueltas con la no-igualdad...

Ya he tratado este tema anteriormente, una vez al poco de comenzar con el blog en esta entrada, y posteriormente surgió de nuevo el debate en los comentarios de esta otra.

Hoy vuelve la cabra al monte porque el otro día tuve otro debate con Helen (que no, no es ni prepotente ni desconsiderada -en serio, eso no iba por ti, leches!-, pero es una perraca de cuidado XD).

El debate en cuestión trató sobre la "discriminación positiva", lo que para mí es una contradicción en los términos. Cualquier tipo de discriminación, para mí, es negativa y aplicar este método para que las mujeres puedan ocupar puestos de importancia en las empresas, me parece un parche mal colocado que realmente no cambia nada, porque el problema de fondo sigue ahí.

Veamos. Supongamos que yo estoy trabajando en la empresa X y que en esta empresa se está ofertando un ascenso. Supongamos también que a ese puesto nos presentamos un compañero mío y yo. Hay varios supuestos que pueden darse sin tener en cuenta la discriminación positiva:

- El puesto lo merezco yo y se lo dan a él: Mal.
- El puesto lo merezco yo y me lo dan a mí: Bien.
- El puesto lo merece él y se lo dan a él: Bien.
- El puesto lo merece él y me lo dan a mí: Quizás si se trata de una persona a la que no soporto me alegraría y todo, pero desde un punto de vista ético, está mal.

Hasta aquí estamos de acuerdo, ¿no?

Ahora metamos el factor "Discriminación positiva" y veamos las consecuencias de las distintas opciones:

- El puesto se lo dan a él: Puede seguirse dando que se lo den a él mereciéndolo yo si la empresa ya tiene el porcentaje necesario de mujeres en puestos de responsabilidad, así que no me soluciona la vida. Peor aún, si habiendo discriminación positiva aún no consigo que me den el puesto, personalmente creo que empezaría a pensar que soy un auténtico "paquete", aunque si lo merece él, lo suyo es que sea él quien ascienda.

- El puesto me lo dan a mí: Aquí es donde la discriminación positiva muestra que es un arma de doble filo. Quizás el problema es que yo tengo dos cosas que últimamente parece que no están de moda, y son principios y conciencia. Si a esto se le suma una cierta inseguridad, creo que tendría tantas dudas sobre si me lo dan porque lo merezco o si me lo dan por "lástima" (lo siento, internamente no puedo dejar de hacer esta asociación entre la lástima y la discriminación positiva y, lo siento, no soporto la lástima), que ni disfrute del ascenso, intentando exigirme todavía más, no ya para que el resto de la gente no piense algo así como "realmente no vale, pero como hay que cumplir con la ley de números..." (en serio, me sentiría igual que una "trepa"). No, me exigiría aún más para demostrarme a mí misma que me lo han dado porque me lo he ganado y que no soy simplemente parte de un porcentaje. Lo siento, pero soy tremendamente orgullosa y no me gustan las injusticias ni cuando me favorecen a mí.

Llamadme utópica, inocente o, simplemente, idiota. Asumo que es posible que viva en el mundo de la piruleta. Quizás la discriminación positiva realmente favorezca a la mujer como colectivo y en general con ella se consiga que muchas mujeres consigan el puesto que merece, no lo niego, pero eso no justifica los casos en que el empresario se verá obligado a contratar a una mujer que no lo vale echando para atrás a un hombre que sí, porque si no viene la Administración y le mete un puro de tres pares de narices. Lo siento, no lo veo.

¿Que hay mucho machismo aún? Sí, y aún llevará mucho tiempo erradicarlo... Pero no estoy segura de que ésta sea una buena forma de hacerlo, la verdad...

Edito para añadir que la lucha contra los cuentos clásicos que ha comenzado la ministra de Igualdad (puede leerse aquí) me parece uno de esos ejemplos sobre cómo en ocasiones en vez de pelear por lo importante, usan bombas de humo para que nos conformemos. Que no digo que todo lo que se hace desde ese ministerio esté mal, creo que hay cosas que están haciendo bastante bien, pero veo demasiada "paja" para rellenar los huecos. Besos!