Hoy vuelvo a escribir una de esas entradas que tantas ganas tenía de escribir… Ni tests, ni retos, ni entradas de relleno, ni… Una de reflexiones, que ya tocaba (y es que últimamente no he tenido tiempo para apenas nada…).
Pongámonos en situación:
El domingo 16 de Diciembre (¿ya hace un mes? XD) por la mañana fui con mi familia a ver "
El cascanueces", en ballet, ya que con motivo de las Navidades lo representaron en un centro cultural de mi localidad.
Sin embargo, desde antes de comenzar la función, empezaron a torcerse las cosas… Primero un grupo de gente que, al no saber dónde estaban sus asientos, se sentaron en los nuestros (en vez de comprobar primero la fila y luego sentarse, lo hicieron al revés… Y creo que lo de comprobar la fila lo hicieron únicamente porque les dijimos que ésos eran los nuestros…). Pero eso no fue lo peor.
No.
Lo peor fue que había niños… Un grupo de seis o siete detrás de nosotros. Esto hubiera sido soportable si fueran niños en el concepto "habitual" del término. Pero no, no sólo eran niños, sino niños malcriados con padres pasotas (¡horror!).
Entre las patadas a nuestros asientos, el "
¡mamá, tengo hambre!", el "
¡mamá, esto es muy largo y me aburro!", los que se ponían a hablar, los que protestaban porque los bailarines no hablaban… Estábamos más tiempo mirando hacia atrás para tratar de que dejaran de molestar (o, como dicen en mi pueblo, de joder la marrana, que se ajusta más) que disfrutando del espectáculo, que fue precioso, todo hay que decirlo. Todo esto mientras los padres, sentados en grupito en el extremo de la fila, permanecían ajenos a lo que hacían sus criaturitas… Salvo la que parió a la cría de los gritos de "
¡Mamá…!", que se cambió de sitio a nuestro lado… La no-demasiado-adorable niña empezó entonces a dar patadas al asiento de delante, el hombre que estaba sentado ahí protestó y la madre se vio desbordada, mientras le decía a su hija con tono suplicante…
- Y si protesta el señor, ¿qué hago?
Regañar a su hija, señora, que no es tan complicado, en serio, debería probar en alguna ocasión… O, directamente, llevársela a casa, que es otra posibilidad.
En serio, señores, tener hijos se supone que implica una serie de responsabilidades, como es educarlos, por ejemplo… Y, si no saben o no quieren hacerlo, al menos tengan consideración con el resto de los mortales y no los saquen a la calle… Y, por favor, antes de llevarles a ningún sitio, infórmenles de qué van a ver, acérquenles a ello y comprueben si a su hijo puede gustarle o no, antes de llevarles a ver una obra de dos horas… Porque la culpa de que los críos molesten no es tanto de los críos como de ustedes, sus progenitores…
Claro, que cuando son los adultos los que no tienen educación (móviles sonando, etc.), ¿qué podemos esperar de los niños?
La verdad es que últimamente pienso que los padres piensan que su única labor es traer a su prole al mundo y comprarles todos los caprichos, pero se olvidan de sus responsabilidades… ¿Para qué molestarse ellos en educar a sus hijos si pueden delegar eso en, por ejemplo, los profesores? Pues, verán, señores, la labor de los profesores es enseñar la materia, pero la educación debería aprehenderse en casa. Igual que el amenazar al crío en cuestión con el manido:
- Como te portes mal, viene ese señor y te regaña.
Señora, que ésa es su obligación, no la de los demás, que nosotros no hemos parido a su hijo ni tenemos la culpa de que sea un salvaje.
En fin, para acabar esta entrada dejo la última frase que escuché a una madre y que me marcó de por vida:
-
Pórtate bien, como los niños adultos.
Con dos narices.
Nosotros sabremos qué futuro estamos creando… Besos!!